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Fronteras cambiantes se llama la exposición que el Centro Cultural Tijuana (Cecut) presenta en el Museo de las Californias, una cartografía de la frontera México-Estados Unidos a través de los últimos cuatro siglos.
Se trata de una muestra que reúne poco menos de medio centenar de mapas antiguos que en conjunto documentan la evolución de la línea divisoria entre ambos países.
Los mapas datan desde 1596, el más antiguo, que muestra a California como una isla, característica con que fue presentada esta porción del Nuevo Mundo siglos después del denominado Descubrimiento de América.
Un mapa satelital de 2007, con el que cierra esta exposición cartográfica, también se presenta en Tijuana gracias al coleccionista Simon Burrow, curador de la muestra.
Fronteras cambiantes remite a los orígenes de Tijuana como ciudad fronteriza, toda vez que hasta antes del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que puso fin a la guerra de 1847-48 y que significó para México la pérdida de más de la mitad del territorio que poseía entonces, esta ciudad ni siquiera existía.
Cada documento condensa descubrimientos, conquistas y reclamos que fueron moldeando la actual línea divisoria; incluso después de la delimitación territorial que trajo consigo el desenlace de la guerra contra Estados Unidos se registraron reclamos de territorios, como la Mesilla y el Chamizal, que fueron reintegrados a México.
Geografía, política y guerra han afectado el trazo de la frontera, pero también la frontera ha influido en la política y la economía, según demuestran varios de los mapas expuestos, elaborados luego de sucesos históricos que resultaron decisivos para el desarrollo de las relaciones entre ambas naciones vecinas.
La frontera méxico-estadounidense es una de las más extensas del mundo entero y delimita no únicamente dos países, sino dos regiones claramente diferenciadas: el mundo próspero que se extendió al norte del Río Bravo y el mundo en desarrollo al sur de esa demarcación.
Tras la llegada del hombre europeo, ambas regiones del continente americano abrevaron en tradiciones culturales diferentes: el norte bajo el influjo de la cultura anglosajona y la religión protestante, el sur bajo el dominio ibérico y la religión católica, lo que a la larga determinó el surgimiento de no pocas diferencias que se extienden hasta el presente.
Pero las fronteras no sólo dividen territorios y naciones, al mismo tiempo aproximan y son puntos de encuentro, zonas de contacto, intercambio e influencias recíprocas. No es casual que luego del trazo de la frontera resultante del Tratado de Guadalupe-Hidalgo la primera oficina gubernamental que operó en este territorio haya sido una aduana (en 1872), lo que tuvo mucho sentido en tiempos de la “fiebre del oro”.
La exposición presenta además algunas curiosidades cartográficas que son producto más que de observaciones fallidas o errores de cálculo, de perspectivas culturales, por ejemplo, un siglo después de la Conquista de México (1521), California era aún representada como una isla gobernada por una reina llamada Calafia.
Otra curiosidad que muestra esta colección cartográfica es un mapa que marca la división entre la Antigua y la Nueva California, que correspondía a la demarcación entre los territorios ocupados por la orden de los dominicos y aquellos que quedaron bajo la orden franciscana.
Antes de su exhibición en el Cecut, donde se inauguró en marzo pasado, la exposición se ha presentado en la Universidad de San Diego, en la Arizona Historical Society de Tucson y en la Escuela de Estudios Transfronterizos de la Universidad de Arizona.







