Nacido en la ciudad de México en 1956, el escritor Juan Villoro no sólo se destaca por su altura cortazariana, sino también porque en esos dos metros de altura cabe uno de los hombres más afables del mundo y en esa cabeza de “autor disperso”, como él suele llamarse a sí mismo, hay lugar para muchas de las aficiones que son tan cercanas al pueblo que lo vio nacer.
Si al autor argentino de Rayuela le gustaban el boxeo y el jazz, a Juan, el cronista exquisito del balompié que escribió aquello de “Dios es redondo”, lo persigue su simpatía doliente por Los Rayos del Necaxa, un equipo fundado en 1923 y que no obtiene un título en el campeonato local desde 1998.
Villoro también ama la música y su profundo conocimiento del rock lo ha llevado a entrevistar al mismísimo Mick Jagger en una pieza hoy clásica que publicó el periódico español El País en 2001.
El autor, uno de los más queridos de México, es tema de un libro de reciente aparición: Materias dispuestas: Juan Villoro ante la crítica, escrito por José Ramón Ruisánchez y Oswaldo Zavala, plantea un acercamiento íntimo y riguroso al universo literario y personal del autor de El testigo y La casa pierde, entre otros.
Las voces del chileno Antonio Skármeta, del mexicano Álvaro Enrigue y la del crítico español Ignacio Echevarría, entre otros, se levantan como testimonios emotivos y agudos sobre la fascinante personalidad de Villoro y de su obra, considerada trascendente para el México contemporáneo.
Editado por Candaya, el libro incluye el documental Villoro en Villoro, dirigido por Juan Carlos Colín.
Convencido como está de que “el futbol, tal cual lo dice Javier Marías, nos devuelve a nuestra infancia”, Villoro acaba de escribir otro libro sobre el deporte de once contra once. Se trata esta vez de una historia infantil llamada La cancha de los deseos, donde el escritor realiza un homenaje a lo que tiene de bueno el balompié mexicano: su afición.
También presenta La gota gorda, un relato infantil escrito en medio del terremoto chileno el pasado 27 de febrero de 2010, cuando el autor quedó varado en medio del desastre, mientras participaba de un congreso de literatura para niños.
Cronista, dramaturgo, novelista…todos los géneros le son afines y deja uno para tocar el otro con pluma avezada que lo ha convertido sin dudas en uno de los escritores más amados de la república maya y azteca, acaso, sin exagerar, en uno de los autores más prolíficos y queridos de la lengua española contemporánea.


